En la vida hay momentos en que debemos avanzar, pero aquello implica saber hacerlo para no perder las fuerzas en el intento. Otras tantas, la premisa es que no puedes escatimar recursos, que debes poner todo en el proceso para llegar, cualquiera que sea el destino.
Anoche aprendí eso: ni un paso menos.
Escuché a gente buena, cariñosa, amorosa, generosa, y me quedo con todas sus sabias palabras, con la generosidad absoluta de sus regalos y caricias, incondicionalidad y gratuidad.
Cuando llegué a mi casa fue lo mismo de siempre, y al apagar la luz comencé a hablar; pero luego, más que hablar, me sinceré, dije lo que sentía y siento, lo que he descubierto y lo que me hace feliz, dije lo que necesitaba decir, sin callar nada, un monólogo, y la respuesta fue silencio y distancia.
Por la mañana, un beso de buenos días y luego, a la despedida, otro beso, un te quiero mucho (no correspondido) y aquí estamos.
No voy a dar ni un paso menos en esta ardua batalla, no me ahorraré energías, lo daré todo, y luego veremos qué ocurre.
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