miércoles, 2 de noviembre de 2016

Posteo 8 - Mi cumpleaños (y la a vida sigue sin ser lo que parece)

Acabamos de concluir con un nuevo fin de semana, pero este tuvo dos particularidades:
- fue mi cumpleaños número 42.
- fue uno de 4 días, no de 2 como casi siempre ocurre.

Cuando salí el jueves pasado de mis varias horas de terapia, sentía que las cosas comenzaban a cambiar, que estábamos dando pasos hacia adelante.

Pero no, fueron humo. O se hicieron humo.

Da lo mismo lo que ocurrió, pero lo cierto es que nada fue como lo esperaba para mi cumpleaños ni menos para el fin de semana.

Para mi el cumpleaños es un momento único, una vuelta a la niñez, a la felicidad, a la alegría, a la diversión, a la despreocupación, a las risas, los abrazos, los cariños, y por qué no, intimidad, sexo, caricias, palabras ardientes al oído, comida y copete, gozo en su plenitud.

Sin embargo, reconozco que para mis últimos cumpleaños me han sabido a una fecha con pérdida, es decir, a una fecha en la que siempre he tenido grandísimas expectativas y al terminar siempre acabo sintiendo que terminé con saldo en contra, como que le faltara algo, y a gritos.

Acabo de cumplir 42 y poco de lo que esperaba tener recibí, y ahora me debato entre el conformismo y el inconformismo, entre la rabieta por la ausencia y la complacencia por el mínimo; eso es, mi vida es un cumpleaños de muchos mínimos, de muchas carencias, de pocas pero grandes alegrías.

La Matilde me decía que para ella el cumpleaños era motivo de muchos nervios, porque no sabía cómo reaccionaría con los regalos que le fueran haciendo, si estaría triste o feliz, no lo sabía; y mientras me decía lo anterior me preguntaba "¿no irá a ser este mi último cumpleaños en familia y que aquello me tiene nervioso?"

Quizás en estos días y momentos sea más inteligente pensar que cada día es un nuevo cumpleaños, una instancia de celebración y nada más que eso; el resto, solo piruetas en el aire en un mundo que se dice sufriente pero que no lo es.


No hay comentarios:

Publicar un comentario