lunes, 5 de diciembre de 2016

Deshojando

Por muy siútico, relamido, desagradable y cursi que parezca, parece que el amor sí es como una roza, con hartas espinas y fácil deshojar.

Asimismo, el matrimonio, por mucho que lo hagan construir sobre roca firme, que tenga como fuente la fe, que sea un sacramento o un contrato, al final es la misma cosa que la roza.

Hoy fui a un segunda sesión del nuevo camino que yo llamo sin retorno, y la verdad es única y unívoca: al parecer se nos acabo el amor, nos queremos un "montón", que hay mucho cariño producto de los niños y no sé qué más, pero que al final no nos queremos ni para un round de box.

Hoy me vine caminando en vez de usar el metro, y mientras andaba y a diferencia de otras oportunidades, no salí ni mal ni derrotado, por el contrario, me atreví a enfrentar mi primer gran susto en todo este largo proceso: que ha llegado el momento de considerar que todo se acabó y mejor irse ahora que después y que mejor separarse ahora que después.

Es duro escribir estas líneas, y quizás más adelante me arrepienta, pero es que no se puede vivir la vida con alguien que no te quiere ni tampoco dice cómo cree que hay hacerlo para volver a quererse. Tampoco se puede seguir con alguien a lado que no despierta mayor interés en acercarse, menos que es incapaz de agradecer los esfuerzos que se hacen, la perseverancia, el cuidado, el cariño. Qué decir de una mujer que día tras día esconde más su encanto para revelárselo a otros y no a quien más se lo merece.

Pero bueno, si las cosas decantan así es por algo, porque es la única manera en que podemos aprender de verdad cómo es que la vida funciona y cómo es que las personas se juntan y se alejan irremediablemente o bien se juntan y son capaces de mantenerse juntas.

Y volviendo a la metáfora de la roza: las rozas son para que nadie la toque cuando más hermosa es (lo siento, no puedo no hablar así si de una roza se trata) y cuando logras aniquilar las espinas, es que ya ha dejado de protegerse, y si lo anterior ha ocurrido, es que la muerte es inminente, y cada pétalo caído es una lágrima derramada por una pena no perdonada.

Así no más, a mi matrimonio lo estamos dehojando, y no creo que soporte mucho más.

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