lunes, 10 de octubre de 2016

Posteo 4 - De buena fe

Hace unos días que vengo escuchando que varios hablan de la buena fe y cuánta debe existir antes, durante y después de la existencia del contrato y qué ocurre en el caso de ausencia.

Lo que más me impresionó fue que la teoría moderna es igual de pragmática como la vida misma, es decir, ya no impone reglas fijas e infranqueables de comportamiento, exigiendo conductas que se encuentran por sobre de lo razonable y tolerable.

Cuando pienso en mi matrimonio me pregunto si ambos estuvimos o no de buena fe, y dependiendo del momento me parece que en ocasiones sí lo estuvimos y en otras no.

Pero hoy, justamente hoy, no creo que la señora esté de buena fe.

Y diré por qué:
1) se empecina en que la casa nueva sea de ella, no hay espacio para pensar que sea de los dos
2) entregó sin reclamo el derecho de opción de compra asociado a la casa nueva
3) hace actividades por separado de mi
4) su único verdadero compañero es su teléfono
5) ya no habla de ella, solo del resto
6) sus amigas son su mundo, y yo no quepo
7) hace comentarios absurdos
8) le da lo mismo que no quiera ir a comer donde sus papás (antaño habría sido discusión o quizás se habría plegado a mi sensación y no habría ido)
9) la casa sigue siendo un desórden
10) no es capaz de cuidarle el sueño a nadie
11) no tiene palabras amables hacia mi

Luego, el viernes, cuando hablamos de la casa, me quedó claro que para ella la misma es su proyecto, no el nuestro, lo que me lleva a pensar entonces si vale la pena insistir en algo ahí y de una buena vez, olvidarme que aquella será también mi casa.

Ahora me pregunto, ¿y yo estoy de buena fe?

Es difícil ser juez de las propias acciones y conductas, más difícil lo es cuando estás en revisión permanente semanal y dándole una y mil vueltas a lo que te pasa, cómo es que pasa, etc. En todo caso puedo decir a mi favor que he cambiado, y si al principio no creía que la terapia de pareja ayudaría más que para ordenar las cosas, ahora creo que es una de las pocas vías para hablar y descubrir en qué estamos y para donde vamos y le tengo fe y voy a ella de buena fe, confiando en que habrá salidas.

Ah, si estoy dando lo impresión que nada me importa, lo es porque si no andaría desolado por la vida, como azotado, destruido y demolido. Como el viernes, que tanta rudeza me dejó destrozado.

Soy honesto: no me logro imaginar las ganas que me dieron el viernes de mandar todo al carajo, que ella misma se fuera a la mierda y entendiera de una buena vez que no estoy jugando ni puedo estar eternamente esperando que se decida.

Yo no estoy aquí para esperar eternamente que se digne en descubrir la razón del por qué de su profundo rechazo hacia mi, porque eso es, rechazo total y absoluto, sin misericordia.

Pero bueno, si hemos de actuar de buena fe, entonces es el momento de hacer las cosas como corresponden, de buena fe, y si hay que terminar esta relación, será de buena fe.

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