Cuando se acercan los cumpleaños o las fechas que han marcado nuestra vida o derechamente, cuando llega el momento en que debes mirar hacia atrás, todo asegura una dosis buen susto, porque al final somos absolutamente incapaces de asumir que el tiempo corre.
Cumpliré 42 años, y puedo perfectamente parcelar mi vida en etapas, y guardo vivos recuerdos de las etapas más avanzadas.
Momentos que marcan la vida son más de 10, estoy absolutamente seguro.
Momentos que me han dejado sin aire, 6.
Momentos que he querido olvidar para siempre, 2.
Momentos que me gustaría que se repitieran una y mil veces, un millón.
Yo siempre he creído que la vida es un gran circulo, porque nunca sabes si estás lejos o cerca, arriba o abajo, adentro o fuera, en fin, no hay posiciones fijas, lugares determinados, vistas predifinidas, todo depende del lugar desde el cual se esté, mire y descubra.
Por ejemplo, el otro día me pidieron explicar qué entendía yo por mi sentido de la existencia, y aparte de generar dolores y terrores diversos, lo cierto es que me describí como un sujeto solo en el mundo, individuo único, sobreviviente y pero al que a ratos acompañan.
Obviamente mi vida no puede ser solo, no ha sido solo y ni lo será, pero es notable darme cuenta ahora la contradicción vital en la que estaba sumido, porque a fin de cuentas no puede ser que vea la vida circular desde la soledad.
Pero volvamos al tiempo, y a fin de cuentas es que este asunto resulta absolutamente interesante porque al final el tiempo es como el mar, ambos son zurcados, en ambos avanzamos, en ambos resulta imposible detenerse porque igual avanzamos hacia algún lugar, en ambos hay momentos inolvidables, en ambos hay eventos traumáticos, en ambos el azar existe, en ambos hay pérdidas, en ambos hay día y noche, amanecer y atardecer.
Me gusta el tiempo, creo que es esencial para la vida y la felicidad. Y el mar, rayos, siempre vuelvo hacia el
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